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Año 1974:
Los
hermanos Moll son los amigos valencianos del formidable
cocinero francés Joél Robuchon ("talent
éclatant", en frase de los críticos
Millau y Gault, 1991), ahora ya dedicado a asesoramientos
y a rentabilizar muchos años de duro trabajo
y una autodisciplina implacable. Luego sabremos dónde
comenzó esta amistosa relación. La
Sort abrió en 1974. Bar típico de un pueblecito
como Moraira, poblado por pescadores y los primeros
turistas y residentes extranjeros, atraídos por
su tranquilidad y su belleza paisajística. Era
un complemento económico a las actividades del
paterfamilias, músico (tocaba el saxo alto) de
orquestas sinfónicas y circos como Price o California.
Eventualmente, acompañaba también a Michel
(el primer español que cantó en la Unión
Soviética) y Manolo Escobar.
Bar,
pues, de tapas. Un hornillo en la cocina donde su madre
sacaba también platos de cuchara (ya existía
el menú y la comida turística) como el
arroz caldoso con sepia, espinacas o boquerones; y,
naturalmente, paellas diversas. El primer 'topless'
(señoras y señoritas sin la parte de arriba
del bikini) pudo verse hacia 1977. Se organizaban excursiones
espontáneas a lugares como Andragó, Punta
Estrella y la Cala del Advocat, donde, al amparo de
la naturaleza, las extranjeras -más alguna avanzada
de Benissa - le daban color a la parte de arriba.
Josep V. Moll (Teulada,1961) tenía a la sazón
16 años. A los 8 ya preparaba tortillas de sobrasada
para los amiguitos, y en llegando las fiestas del pueblo
iba a la compra y llenaba la despensa doméstica.
De los 10 a los 16 años estudió en el
colegio de los Terciarios Capuchinos, con sede en Godella,
población sita cerca de Valencia, a seis kilómetros,
pero lejos de Moraira,
Durante los veranos trabajaba en el local de sus padres
(no fue hasta 1981 cuando él y su hermano Joan
se integraron más profundamente en el negocio)
Año 1984:
Pasaron
los años. En 1987, Josep y Joan decidieron dar
el salto. Reformaron el establecimiento y, paulatinamente,
el tipo de oferta. No fueron comprendidos al principio.
Parte de la clientela no aceptó el cambio, y
durante tres años, sin cerrar ni un día,
sufrieron. Y resistieron, siendo recompensados por su
tenacidad.
Año 1991:
Josep, el cocinero, obtuvo en 1991 una
beca y viajó a París. Estudió en
la Escuela Superior de Cocina Francesa Ferrandi las
bases necesarias. Luego amplió conocimientos
en la Escuela Ritz Escoffier y en la Cordon Bleu (en
el Curso de Cocina Superior recibió la mención
'tres bien').
Año 1994:
En
1994 volvió a la capital francesa, y en la Escuela
de Cocina Lenótre de Plaisir asistió a
un curso de cocina al vacío que impartía
el afamado justamente Jóel Robuchon. Casualidades
de la lvie'. Resulta que Robuchon veraneaba en la costa
alicantina desde hacía diez años, y era
asiduo cliente de La Sort, aunque jamás se había
presentado. "Tengo un modesto restaurante en Moraira",
le dijo tímidamente Josep Moll. "¿Cómo
se llama?", le preguntó Robuchon. "La
Sort", le informó Moli. "Yo soy cliente
vuestro", confesó el mago de la gastronomía.
Y el 'chef' de Moraira casi palideció, como en
la buena literatura negra de Raymond Chandier.
Joan Moll (1967) ya hacía cafés a los
8 años en el bar La Sort, subido encima de dos
cajas. Listo y trabajador, incansable.
Según admite Joan Moll, el contacto diario con
gente mayor le hizo madurar. Hoy es el encargado de
la bodega, gerente y relaciones públicas. Su
afición máxima es el mótociclismo,
terapia contra el estrés. Ha estudiado en la
Escuela de Hostelería de Lausana (Suiza) y ampliado
lecciones en los hoteles Waldod Astoria de N.Y. (un
cubano, Mario, le énseñó a elaborar
el 'dry martini' de su vida) y Savoy de Londres.
Año 2002:
Un
restaurante que no sólo es un restaurante. En
efecto, porque también vende servicios de 'catering'
para barcos (en Moraira y la zona hay una nutrida colonia
náutica) y forma parte de la organización
del anual Festival Gastronómico. En 2002, los
hermanos Moll inaugurarán un hotel de 22 habitaciones
(La Sort) y dentro de él, Moll's, un espacio
con decoración minimalista, pequeño restaurante
multifuncional, más el Rincón Epicur.
Sus padres siempre les apoyaron. Que conste en acta
porque es de justicia.
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